Para que podamos definir el enfoque de una traducción que se adecua más a un texto, nos vamos a referir al padre de la lingüística moderna, Ferdinand de Saussure, quien era un gran aficionado a las matemáticas, lo que se refleja en nuestros modos de representación. Por otra parte, nos vamos a referir también al lingüista Korsybski, cuyos trabajos ayudaron a establecer las bases de la Programación Neuro Lingüística, y que puso el acento sobre el abismo que separaba la cantidad de representaciones internas de conceptos, también llamadas experiencia internas, de la cantidad de representaciones externas, o de palabras. La primera referencia nos proporciona la legitimidad para usar instrumentos matemáticas en temas de lingüística, y la segunda nos sirve para orientar nuestras observaciones.
El gráfico nos sugiere que siempre va a existir una diferencia, aunque pequeña, entre el significado y el significante. La pregunta que se plantea es cómo minimizar las diferencias siguientes :
1) La diferencia entre la experiencia interna y su representación en el idioma de origen. Esta tarea incumbe a su autor durante el sub-proceso de escritura del texto.
2) Cómo minimizar la pérdida de contenido del mensaje por el hecho de pasar de un idioma a otro. Esta tarea incumbe al traductor que elegirá el enfoque adecuado para maximizar la calidad de la traducción.
3) Cómo minimizar la diferencia entre la experiencia interna y su representación en el idioma de destino. Esta tarea incumbe al traductor durante el sub-proceso de reescritura del texto en el idioma de destino.
El principio subyacente a estas minimizaciones de diferencia es el principio de equivalencia. La literatura que trata de la traductología considera a veces el principio de equivalencia como un mito, un ideal inalcanzable de la traducción. Desde este punto de vista, es razonable considerar que la representación de una experiencia interna en un idioma puede sufrir ciertas alteraciones por el mero hecho de que los idiomas suele absorber los elementos culturales que configuran su entorno lingüístico. Pero existe otro punto de vista que reaviva el principio de equivalencia. Este otro punto de vista no considera la equivalencia como un criterio de comparación de la representación en el idioma de origen y la representación en el idioma de destino, así como de sus mensajes respectivos y, a posteriori, sino como una actitud permanente durante todo el proceso de traducción.
Este nuevo enfoque del principio de equivalencia supone que el traductor sea capaz de conectarse al mensaje, de sentirle y vivir la experiencia interna que se transmite en el texto en el idioma de origen.